«¡Cuán precioso, oh Dios, es tu gran amor! Todo ser humano halla refugio a la sombra de tus alas. Se sacian de la abundancia de tu casa; les das a beber de tu río de deleites. Porque en ti está la fuente de la vida, y en tu luz podemos ver la luz.» (Salmo 36: 7-9)

Un salmo que nos recuerda que experimentar su amor, su protección, provisión; y comprender, que es la fuente de vida y la luz para guiar nuestros pasos; es un referente para concluir que vamos llevando a un grado muy significativo nuestro nivel de conciencia.

A lo mejor las frases de este salmo, para muchos, serán consideradas, las típicas frases para enmarcar un ambiente de religiosidad, algunos se afirman en indicar que son palabras que no ofrecen ninguna profundidad, que no tienen ningún valor en una sociedad sumergida en mayor libertinaje y de poca conciencia.

A este punto ya hemos tocado en dos oportunidades la palabra conciencia, la conciencia humana. ¿sabes que es la conciencia? ¿te lo has preguntado? ¿Cuál es tu nivel de conciencia? Podríamos indicar que la conciencia es tener la capacidad de identificar y reconocer que es lo bueno y qué es lo malo y esto va más allá de lo moral; Ahora pregúntate ¿en ti, que determina si algo es bueno o malo? Recuerda que como seres humanos a diferencia de los animales tenemos conciencia, razonamos. Y ahi estas tu, a lo mejor en intimidad de tu habitación, en la oficina o quizás en un café o en un bar, con la cabeza llena de ideas, pensamientos, con un corazón latiendo de forma agitada, te sientes estresado y al mirar el reloj, entonces los latidos aumentan y el estrés te causa fatiga; ¿sabes por qué?, porque pasa el tiempo, llega la hora y debes tomar una decisión y actuar, y para tomar esta decisión, debes analizar, sospechar, emitir juicios, sacar conclusiones, revisar lo que es bueno, lo que es malo, lo que conviene o no conviene.

En el manual de vida encontramos como el apóstol Pablo le escribe a Timoteo le habla de la necesidad de no apartarse del amor nacido de corazón limpio, y de buena conciencia, y de fe no fingida (1 Timoteo 1:5-6). En otro libro el apóstol Pablo también le escribe a los corintios indicando “Todas las cosas me son lícitas, mas no todas convienen; todas las cosas me son lícitas, mas yo no me dejaré dominar de ninguna.” (1 Corintios 6:12).

Los episodios de mente confusa, estrés para la toma de decisiones a lo mejor no van a desaparecer de nuestra vida, lo que sí es seguro es que si elevamos nuestro ser a un nivel de conciencia más alto desde lo espiritual, mayores posibilidades de continuar tenemos, así nos equivoquemos en nuestra manera de decidir. No nos queda otro camino sino de mejorar nuestra relación con Dios, conocer que tiene para nosotros en su Palabra cada día; depositarnos en sus manos y declarar nuestra dependencia a Él, que sin Él no podemos continuar. Entonces con total vehemencia, declaremos como lo indica el Salmista «Cuán precioso, oh Dios, es tu gran amor! Todo ser humano halla refugio a la sombra de tus alas. Se sacian de la abundancia de tu casa; les das a beber de tu río de deleites. Porque en ti está la fuente de la vida, y en tu luz podemos ver la luz.»

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