“Jehová te bendiga, y te guarde; Jehová haga resplandecer su rostro sobre ti, y tenga de ti misericordia; Jehová alce sobre ti su rostro, y ponga en ti paz”. (Números 6:24-26)
Palabras del mismo Jehová, nuestro Dios; dirigidas a Moises, instruyendo sobre cómo debía enseñar a Aaron y a sus hijos, para que impartiera la bendición sacerdotal sobre los demás; recordemos que Aaron fue hermano mayor de Moises y sumo sacerdote levita. A lo largo de la biblia, son muchos los momentos de bendición que podemos encontrar, en diferentes contextos y hechos, pero este sin lugar a dudas es uno de los más influyentes y recordados.
Hoy, a la luz de este par de versículos tenemos el privilegio de poder meditar en lo que fue ese momento especial. Recordemos que una bendición es una forma de pedir el favor divino de Dios sobre otros.
Esta debe impartirse de forma real, bien deseando, bien diciendo y bien haciendo. Aquí una radiografía de lo que es impartir bendición en el contexto de Numeros 6:24-26:
Bien desear: que sea el mismo Jehová (nuestro Dios), la fuente real de bendición, protección y favor, y no otros dioses.
Creer que si Jehová resplandece su rostro sobre nosotros, es una forma de recibir de parte de Él, su complacencia, lo que a la vez es manifestación de que nos acepta y nos aprueba.
Declarar que obtenemos su misericordia, es reconocer que Jehová es piadoso y compasivo, que Él es amor.
Que estar en su presencia, es experimentar su rostro sobre nosotros y recibir de su paz.
Que importante el concebir, el tener la seguridad de esta bendición. Ahora, te preguntarás si en tu condición de hombre o mujer independientemente de tu rol, puedes bendecir, contribuir a que otros experimenten lo mismo y sean beneficiados;
Para responderte, tengamos en cuenta que en el antiguo testamento, sólo el sumo sacerdote era quien podía ingresar al lugar santísimo, cruzar el velo del templo y lo hacía una sola vez al año, para la expiación de pecados, para agradar a Dios a través de sacrificios y recibir su favor, su bendición, cubriendo de esta forma el pecado de su pueblo. Ahora, ya en en el nuevo testamento con Jesucristo nuestro salvador y sacerdote mayor, al momento de su sacrificio en la cruz, se rompe el velo del templo y nos permite entonces no cubrir, sino quitar el pecado, nos da la oportunidad de lograr a través de Él, el poder tener comunión con nuestro Padre; Hebreos 10:19-20 nos dice: “Así que, hermanos, teniendo libertad para entrar en el Lugar Santísimo por la sangre de Jesucristo, por el camino nuevo y vivo que él nos abrió a través del velo, esto es, de su carne” y 1 Pedro 2:5 nos declara: “también ustedes, como piedras vivas, sean edificados como casa espiritual para un sacerdocio santo, para ofrecer sacrificios espirituales aceptables a Dios por medio de Jesucristo.”
Con todo este parámetro somos conscientes que además de recibir salvación, su misericordia, su gracia y su favor, de la mano de Jesús de Nazaret, también tenemos el privilegio de ejercer el sacerdocio independientemente del rol que tengamos en nuestra casa y sociedad. y es que somos bendecidos para bendecir.